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PREGUNTAS SIN RESPUESTA

Por Daniel A. Spinato

La diversidad humana nos permite apreciar con una riqueza inapelable los diferentes matices que presenta nuestra especie a la hora de recorrer nuestro tránsito terrenal. Al informarnos un poco acerca de ello, vemos que son realmente admirables las diametrales distancias que existen entre los distintos pueblos de la tierra, a la hora de definir sus formas y conductas para la vida cotidiana, la relación con sus semejantes y con la naturaleza.

No importa si se trata de una gran nación o de una pequeña tribu alejada de la civilización moderna, lo cierto es que en cada una existe una sociedad que comparte determinados valores, con una moral media que atraviesa transversalmente el tejido social, y que finalmente le otorga una identidad.

Es compartiendo criterios elementales de convivencia, valores éticos y objetivos comunes (considerando el respeto por las diferencias) que una sociedad determina su rumbo a lo largo de la historia, ya que es, el ser humano, el único ser vivo con capacidad para prever un futuro “posible”.

En este tránsito, todo hace suponer que un ser racional e inteligente, haría todo lo que está a su alcance para poder acceder a una mejor calidad de vida, asegurando así el probable futuro de la célula vital que es la familia, el de sus descendientes y por ende el de la patria que lo cobija, para las generaciones venideras.

Aquí me surge entonces la pregunta, por qué una sociedad elegiría como forma de vida, aquellos caminos plagados de sufrimiento, inequidad, intolerancia, anomia y desprecio manifiesto por una de las mayores virtudes a la que puede aspirar el ser humano, que es la voluntad del sacrificio y el esfuerzo personal, la honestidad y el amor por la tierra que lo vio nacer.

¿Por qué motivo gran parte de la sociedad argentina, decide que vivir mal y a contramano de todo sentido común, es su mejor elección?, ¿dónde está (quisiéramos saber aquellos que pensamos de otra manera), la satisfacción que produce el no trabajar, el actuar deshonestamente, el no respetar la ley, el no querer al propio terruño?

Asumo sin dudarlo, que muchos de aquellos que optan por el camino del cinismo, adictos a la práctica de acciones vituperables y auténticos expertos en el arte de la hipocresía, se sentirán cómodos en un ambiente que les es propicio, ya que en el seno de una sociedad moral y éticamente sana, simplemente no podrían sobrevivir. Sería como si les faltara el oxígeno, buenos patrones de conducta y convivencia respetable bajo el imperio de la justicia simplemente arruinarían sus patéticas existencias.

Entonces, ¿tiene la sociedad argentina los anticuerpos suficientes para luchar contra la enfermedad crónica que aqueja a gran parte de la población?, ¿es el sistema inmune de nuestra sociedad lo suficientemente fuerte como para curarnos?

Creo que nuestra sociedad es en si misma un problema serio digno de ser meditado a conciencia, y hablando de ello, ¿tiene conciencia de su inconciencia una sociedad que explora permanentemente los límites de la anomia y se auto medica con las misma recetas que le vienen haciendo daño día tras día, año tras año, década tras década?

¿Por qué el amor y la fidelidad incondicional hacia los perversos que nos dañan sistemáticamente mientras nadan en la concupiscencia? ¿Con qué pócima han logrado subyugar a tantos individuos durante años? ¿Es la sociedad argentina una sociedad sosa y sin inteligencia capaz de desterrar lo mejor para si misma y penar por ello?

Schopenhauer decía que las obras antiguas son la estrella polar de toda aspiración artística o literaria; si esta estrella desaparece del horizonte estamos perdidos. Es una buena forma de reflexionar sobre las enseñanzas que puede dejarnos la historia ya que nos da la ventaja de no cometer los mismos errores una y otra vez.

Se dice que una golondrina no hace verano, sin embargo, valga la analogía para decir que Argentina es pródiga en grandes talentos cuya inteligencia se ha destacado en muchos ámbitos tanto dentro como fuera de las fronteras patrias a lo largo de la historia y en la mayor parte de los casos han sido destratados y combatidos por propios, algo que otras sociedades han aprovechado sin dudar para acogerlos en su seno y disfrutar de sus virtudes.

Por último, la voluntad es parte de nuestra esencia interior, es algo inconsciente. ¿Tenemos voluntad suficiente para cambiar, o acaso el apasionamiento no nos permite analizar adecuadamente otros argumentos que podrían beneficiarnos como sociedad?

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