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Por Daniel Spinato

El término japonés rei 「礼」tiene un significado amplio, como por ejemplo “gracias”, “gratitud”, “maneras”, “forma”, “etiqueta”, “inclinarse”, etc. Todas las interpretaciones nos remiten a la idea de “respeto”, que es una de las características principales de las artes marciales tradicionales.

Cuando el estudiante ingresa al dojo, lo primero que le es enseñado es a inclinarse correctamente. Así, aprende a inclinarse ante el sensei, ante cada sempai, ante sus compañeros de práctica y por supuesto ante el kamiza, el sitio de honor que ocupa el frente del dojo y en el que usualmente, puede haber un templo pequeño, algunos objetos sagrados, retrato del fundador y el linaje correspondiente. Este comportamiento se lleva a cabo tanto antes como después de cada entrenamiento.

Sin embargo, lo importante aquí es tener en cuenta que inclinarse supera ampliamente el mero hecho gestual y a medida que va tomando forma en la vida diaria se convierte en una reacción incorporada al subconsciente, que con el tiempo permea nuestro corazón.

Pero lo dicho va aún más lejos, pues la idea que subyace detrás de una aparente simple conducta, es la de penetrar el corazón de la sociedad, pues si estamos fuertemente imbuidos del respeto por nuestros semejantes, es altamente probable que los efectos se transmitan a nuestro entorno.

Si buceamos un poco más, sabremos que al inclinarnos frente a otra persona, estamos poniendo la cabeza (nuestra parte más débil) a merced del otro y ese es un auténtico acto de confianza y respeto hacia nuestro semejante, y cuanto mayor sea el respeto y la confianza que prodigamos a la otra persona, más baja estará nuestra mirada.

Por tal motivo la frase rei ni hajimaru, rei ni owaru, “todo comienza y termina con respeto” 「礼に始まる、礼に終わる」 es un faro en la vida de todo artista marcial y debería serlo en la de todo ser humano que aspire a vivir en una sociedad digna de ser vivida. Para que esto suceda es necesario comprender que “la inclinación” en sí misma no es lo importante. La verdadera importancia reside en el respeto que inspira esta inclinación.

No obstante, esa inclinación no puede generar verdadero respeto si no se posee una genuina humildad. Por eso hasta que no se comprenda la profundidad del acto, la inclinación ante el otro no será una auténtica expresión de respeto, sino un mero hecho gestual. ¿Cómo darnos cuenta si nosotros mismos hemos avanzado en el entendimiento del respeto hacia el otro? Simplemente cuando tomemos conciencia que las posesiones, opiniones, ideas y emociones de la otra persona están en un plano de igualdad o superior al nuestro, en ausencia de juicios de valor, ya que son estos últimos en general los que suelen nublar nuestro entendimiento.

Hay que meditar mucho sobre estos conceptos.

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