EL SABOR OCULTO

Cuenta el maestro Kensho Furuya que “en la ciudad de Los Angeles hay un pequeño restaurante ubicado en Little Tokyo, que sirve un plato especial que no se encuentra en el menú. Se trata de un pescado que se cocina en salsa de miso, que es una combinación de pasta de porotos y vino dulce. Este plato es particularmente sabroso y los japoneses lo adoran.

            Un día le preguntó al dueño, a quien conocía muy bien, ¿cuál era el secreto?. El secreto, le dijo, es lo que llamamos kakushi aji, o sabor oculto. Le agrego ciruelas secas que realzan perfectamente el sabor de la salsa y traen el sabor total del pescado. Ud. puede saborear las ciruelas, pero esto es lo que hace al plato tan delicioso”.
            Pensando en ello uno puede reflexionar como muchas cosas en la vida tienen un sabor oculto, escondido a simple vista y que solemos ignorar. Pasa en el desarrollo de una actividad, de la cual creemos conocer todo, en las relaciones personales, en las que creemos conocer a quien tenemos adelante, e incluso pasa con nosotros mismos.

Es que aunque no nos demos cuenta, todo en la vida tiene un sabor escondido, algo que no se encuentra en la superficie, y suele suceder que cuando lo descubrimos tomamos conciencia que era lo más significativo, sea que ello nos guste o nos desagrade. Y como dice el poeta “lo esencial es invisible a los ojos”. Esta afirmación nos recuerda que siempre hay que mirar más allá de lo aparente.